Ejecutivo sentado relajadamente en la oficina con los pies encima de la mesa

Llega el cierre anual. Es hora de echar números, del recuento de existencias, del estado de nuestros clientes, de la cuenta de resultados y del control de un sinfín de parámetros necesarios para evaluar la situación. Todo nuevo año viene cargado de proyectos y de ilusiones para seguir creciendo, para seguir sumando…o no.

Aquí es donde se me ocurrió ofrecer unos consejos a raíz de un artículo que leí sobre los calcetines perdidos en la lavadora. Imaginemos que nuestra empresa es una lavadora que ponemos en marcha a principios de año; nuestros calcetines vendrán representados por nuestros programas, nuestro personal, nuestros presupuestos y facturas, nuestros clientes… Es aquí donde comienza el gran misterio y que no pocos científicos han intentado explicar: el enigma de la desaparición de los calcetines en la lavadora.

Entiendo la perplejidad que puede ocasionar la comparación de este hecho cotidiano con el mundo de la empresa, mas los estudios realizados sobre el tenebroso calcetín arrojan cifras millonarias, por lo que este paralelismo podría, cuanto menos, aprovecharse de las reflexiones y consejos a los que ha dado lugar el debate.

En nuestros balances, seguramente existan descensos no deseados en algunas partidas o que nuestra lista de clientes haya disminuido. Automáticamente miramos nuestra lavadora y le echamos la culpa. Sí, es muy probable que la lavadora se trague calcetines pero, por muy bien que esté programada y provista tecnológicamente, no tiene ni voluntad ni capacidad de raciocinio. Rendirse a la evidencia de una pérdida y convivir con cajones de calcetines desparejados no es una opción empresarial.

Pinceladas de los estudios realizados

  • El problema es un sesgo cognitivo que lleva a una interpretación ilógica, a una falta de juicio al enfrentarse a la realidad. El problema no está en la lavadora sino en el cerebro.
  • Existe una correlación entre la desaparición de calcetines y el tamaño de la casa; es decir, más personas responsables de las tareas. Unos pensarán que otros lo encontrarán o que saben dónde está.
  • El atajo mental: No buscar en el sitio adecuado sino cautivarse en la evidencia más inmediata.
  • Las personas que disfrutan de la colada son menos propensas a perderlos; es decir, prestan más atención.
  • La pérdida de los calcetines tiene base empírica; incluso se ha formulado matemáticamente: [L (pxf) + C (rxs)] – (P x A), que concluye con “Cuanto más grande es el número resultante de la operación, mayor será el número de calcetines que perderemos todas las semanas”
  • Los británicos pierden una media de 15 calcetines al año, lo que supone más de 1.000 millones de calcetines perdidos al año…hagan números y piensen, por un momento, lo que puede suponer esta cifra si la trasladamos a la facturación de las empresas.

Por lo tanto, si a la realidad de nuestros balances cuando han desaparecido existencias, beneficios o clientes, la tratamos con la misma resignación que cuando se ha perdido un calcetín y no buscamos la rendija o el recoveco donde se esconde, flaco favor hacemos a nuestra empresa.

Sucede lo mismo cuando son varios los responsables de programar “nuestra lavadora”; la falta de coordinación y la no exigencia de informes revelará que no se está trabajando en equipo…y ahí va otro calcetín perdido.

Por otro lado, la actitud de compromiso y atención hacia las tareas serán la mejor salvaguarda de que no existan pérdidas imprevistas.

Conclusión

Las empresas disponen de suficientes herramientas empíricas para poder controlar nuestra gestión, pero serán nuestros conocimientos quienes apliquen la fórmula eficaz y los sistemas de control para no llevarnos sorpresas cuando abramos la portezuela de nuestra lavadora.

Los informes, los bienes y los clientes no se pierden, los perdemos de la misma forma que perdemos los calcetines. No hay ningún monstruo que los devore o los destruya y, si los hubiere, no resistirían al efecto de una aplicada gestión.

Asesórate buscando soluciones y no calcetines

 

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