En un entorno económico complejo como el que nos encontramos, uno de los principales retos de las pymes es lograr una gestión financiera eficaz. La volatilidad, la incertidumbre, y la necesidad de tomar decisiones cada vez más rápidas hace que elaborar un presupuesto anual, controlar ingresos y gastos o revisar de vez en cuando la cuenta bancaria ya no sea suficiente.

Disponer de una visión financiera integral es, sin duda, una ventaja competitiva. Sin embargo, muchas pequeñas y medianas empresas siguen gestionando sus finanzas de forma fragmentada.
Para lograr conciliar todos los procesos, la dirección financiera de las pymes necesita establecer un método de gestión financiera que sea eficaz. Para ello, este marco debe sustentarse en cuatro pilares estrechamente relacionados: la estructuración del balance, el control financiero mensual, el control de tesorería y la planificación financiera. De esta forma, la pyme gana visibilidad, capacidad de reacción y seguridad para crecer.
En este artículo, analizamos estos cuatro pilares de la gestión financiera en las pymes con expertos de CE Consulting.
1. Estructura de balance: el punto de partida de la gestión financiera
Para Abel Petisco, director general Mercado Empresas, empresarios y ONG de CE Consulting, “la estructuración del balance es la asignatura pendiente de las pymes, porque, en general, le han dedicado poco tiempo”.
Pero, precisamente, el balance es esencial para una empresa porque determina si cuenta, o no, con una estructura financiera sólida y si está cumpliendo los objetivos marcados. Ofrece, junto a los estados financieros, una fotografía de la situación patrimonial y es la carta de presentación de la empresa.
Un balance bien estructurado permite conocer, entre otros, si el nivel de endeudamiento es adecuado, si la financiación a corto plazo está cubriendo las necesidades adecuadas, si la empresa es suficientemente solvente o si existe equilibrio entre recursos propios y ajenos. Es decir, es una herramienta esencial para detectar riesgos y prevenirlos al analizar la evolución de las distintas partidas.
Como Petisco señala, “lo importante en sí no es el dato absoluto que se obtiene, sino la evolución en el tiempo, y, sobre todo, la comparativa con empresas del mismo tamaño y sector”.
La estructura y el análisis del balance permiten generar proyecciones lógicas para distintos escenarios y estimar cómo evolucionarán los estados contables en el futuro según el contexto.
2. Control financiero mensual: detectar desviaciones a tiempo
El segundo pilar de una gestión financiera eficaz consiste en convertir los datos en información útil para la toma de decisiones. Para ello es necesario que la dirección financiera elabore un cuadro de mando con los indicadores claves necesarios. De esta forma, dispondrá de una visión clara y resumida del negocio que es, al mismo tiempo, operativa.
“Un cuadro de mando financiero no sirve para acumular métricas, sino para identificar rápidamente si la empresa está funcionando según lo previsto o si existen desviaciones que requieren atención”, afirma Jorge Mansilla, consultor financiero.
Algunos de los indicadores clave que mensualmente deben analizarse son:
- Evolución mensual de ingresos
- Margen bruto y margen operativo
- Costes fijos y variables
- EBITDA
- Punto muerto o nivel mínimo de facturación necesario
- Liquidez disponible
- Endeudamiento y solvencia
- Plazos de cobro y pago
- Ciclo de conversión de caja
Como indica Mansilla, la utilidad real está en ser capaz de interpretar correctamente estos indicadores. “Una empresa puede aumentar sus ventas y, aun así, reducir su rentabilidad porque los costes crecen más rápido que los ingresos. Del mismo modo, una empresa rentable puede tener problemas de tesorería si tarda demasiado en cobrar”, destaca el experto como ejemplos habituales entre las empresas españolas.
Por ello, es tan importante que el análisis mensual se trabaje sobre el presupuesto financiero anual. De esta forma, se compara la previsión frente a la realidad y se detectan desviaciones o se identifican oportunidades con tiempo para actuar.
3. Control de tesorería: la clave para garantizar la liquidez
Muchas pymes confunden facturación con liquidez. “Uno de los mayores errores de nuestras empresas”, indica Mansilla.
Vender no garantiza tener dinero disponible y, por ello, controlar la tesorería es lo que determina, en la práctica, la capacidad real de una empresa para operar con tranquilidad.
Para Abel Petisco, para una planificación de la tesorería eficaz es necesario cumplir el pilar 1 y tener una buena estructura de balance, además de vigilar de cerca la deuda de la empresa. “Una mala estructuración de la deuda significa la asfixia de la empresa” señala el experto, quien indica que evitar un apalancamiento excesivo es clave, ya que esta es la causa de la mayoría de las quiebras.
Para ello, recomienda aumentar el pago de créditos, reducir la contratación de nuevos préstamos o recurrir a reservas de efectivo existentes para las inversiones.
Mansilla, por su parte, señala que muchas tensiones derivan de una ecuación sencilla: las pymes cobran tarde o sus pagos vencen antes que sus cobros. “Imaginemos que una empresa vende 100.000 euros al mes y obtiene beneficios. Parecería que el negocio funciona, pero: cobra a sus clientes a 60 días, paga a proveedores a 30 días, tiene nóminas e impuestos mensuales. Aunque la empresa sea rentable, la realidad es que la tensión en su tesorería le obliga a financiar un mes completo de actividad”.
Por ello, señala que el control de tesorería debe prestar especial atención a:
- Cobros pendientes,
- Pagos comprometidos,
- Gastos recurrentes,
- Necesidades de financiación,
- Previsiones de tesorería a corto y medio plazo, y
- Riesgos de falta de liquidez
4. Planificación financiera: de gestionar a impulsar el crecimiento
Cuando la empresa conoce su situación financiera, controla sus indicadores principales y tiene visibilidad sobre su tesorería, puede centrarse en tomar decisiones para su futuro.
Para Abel Petisco, “no solo hay que planificar y realizar proyecciones económicas, sino que la dirección financiera debe trabajar con varios escenarios posibles y siempre contemplando diferentes estrategias según se desarrolle uno u otro”.
Este dinamismo es uno de los principales desafíos de los directores financieros en la pyme y hace que sea esencial que las personas responsables puedan tener una visión constante y actualizada de la información financiera de su empresa. Pero también que esté ya pre-analizada, de forma que puedan liberar recursos y tiempo para planear y ejecutar estrategias.
“Aquí el rol del asesor es imprescindible. Los servicios contables deben incorporar el prisma financiero, más allá de las obligaciones legales, si realmente quieren aportar valor a la dirección financiera de las pymes”, señala Petisco.
Y esto se traduce en ser capaces de acompañar a las pymes en la transformación de la información obtenida de los tres pilares anteriores en decisiones estratégicas que respondan a cuestiones como cuáles serán las necesidades de financiación del próximo año, si se podrán acometer nuevas inversiones o el impacto que tendría una caída en ventas.
La gestión financiera eficaz es cuestión de coordinación
Cuando la estructura de balance, el control financiero, la gestión de la tesorería y la planificación trabajan de forma coordinada, la dirección financiera pasa de controlar números a convertirse en una pieza clave en la estrategia y crecimiento de la empresa.
Porque gestionar las dimensiones financieras de forma holística permite mayor claridad, anticipación y capacidad de decisión. Y esto, en un entorno cada vez más cambiante, debe constituir una prioridad para todas las empresas.
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